Las otras regatas

Jesús Civera

   La empresa del multimillonario Bertarelli reclama 20 millones para celebrar unas regatas en Valencia. Digo unas regatas: no la Copa del América. Impone, además, limitaciones sobre el uso de la dársena, exige un 15% de comisión sobre las concesiones del puerto y requiere derecho de veto sobre la publicidad, entre otras cosas. El Gobierno se niega a pagar. Rita Barberá entona entonces el estribillo del ruin Gobierno que trata a Valencia de manera ruin. Al final, abonarán el canon la Generalitat y el ayuntamiento. ¿Y por qué? ¿Veinte millones por dos regatas sin el paraguas de la Copa del América? Como en la fábula del erizo y el zorro que rescató Berlin en su famoso ensayo -el zorro sabe muchas cosas, el erizo sólo una gran cosa-, nosotros también conocemos una: Bertarelli, este año, escapará de la crisis. Y sabemos otra: mientras se costean acontecimientos efímeros, el Convento del Carmen lleva más de diez años sin concluir su rehabilitación -ayer la fertilizaron con 5 millones- y la reforma del Museo San Pío V se dilata desde hace veinte. Son testigos perdurables de Valencia. Los zorros siguen muchos objetivos contradictorios, se mueven en muchos planos, se dispersan. Viven al día.
   El menú subvencionado. El grupo parlamentario Compromís anda recogiendo firmas para protestar contra el menú que se sirve en el restaurante de las Corts Valencianas, que cuesta 4,5 euros, como subrayaba ayer Julio Monreal. Protestan por la calidad de los guisos, que ha descendido notablemente, según los interesados. El valor del menú de las Corts no guarda equilibrio con su coste real. No es un misterio inexpugnable, ni hay que aplicar la gélida fórmula del valor/trabajo. Es más sencillo. La cámara valenciana, libre y soberana, subvenciona a manos llenas la comida, de modo que una porción del almuerzo de sus señorías la pagamos usted y yo. El menú de las Corts no compite en el mercado salvaje de los menús diarios. Goza de protección, al igual que goza la enseñanza privada, la sanidad o los conciertos pop del señor Rus. O los minusválidos, los ancianos, los inmigrantes y los desempleados. Los diputados cobran un sueldo que no está mal en estos tiempos convulsos: el vicepresidente Cholbi recibía casi ocho mil euros al mes, según se ha publicado. El privilegio del menú diario, sin embargo, es inefable, y hostil para una clase dirigente que vive en el escaparate de la opinión pública. ¿Por qué se acepta? Se trata de una munificencia difícil de digerir -y más ante una legión de parados en la calle-, y transmite el sabor de un fuero de otras calendas. ¿Impunidad? ¿El síndrome del despacho, que deteriora la relación con realidad callejera? El menú universitario de algunas facultades asciende a cinco euros y medio.
   Más allá de la duda. En Más allá de la duda, un escritor muestra las deficiencias del sistema judicial sembrando los escenarios de un caso de asesinato de pistas falsas contra sí mismo. El sistema las deglute sin dificultades. Es uno de los últimos filmes de Fritz Lang. En el primero que realizó el vienés en Estados Unidos, Furia, un hombre inocente (interpretado por Spencer Tracy) es confundido con un criminal. El vecindario no espera pruebas: dicta el veredicto. Decide lincharlo quemando la cárcel. Ambas exploran el universo de la falsa culpabilidad, y el de la verdad y la apariencia basadas en conjeturas. La una, de forma sutil; la otra, bajo el bestial rugido de la multitud. En la primera, los indicios y la concatenación de circunstancias exponen la culpabilidad de un inocente; en la segunda, la turba se basa sólo en la sospecha para tratar de ajusticiarlo. Provoca pavor. A determinadas tribunas sociales se les acusa de celebrar juicios paralelos. Cuando sucede, conviene regresar al maestro Lang, relativizar la cuestión y no dejar el camino sembrado de culpables mediante asociaciones aleatorias. Puede que el espejo se rompa y los estigmatizados broten limpios, y hasta enjabonados y perfumados.

Levante-emv
http://www.levante-emv.com/secciones/noticia.jsp?pRef=2009032700_5_571246__Opinion-otras-regatas

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Acerca de hayack

Hayack, de cuyo nombre no quiero acordarme, es técnico superior en imagen, adiestrado para manejar todo trasto, manual, analógico o a pedales, con lente y botones. Adiestrado en tratamiento digital de la imagen, retoque, montaje de vídeo etc. Titulado precario buscando un hueco en este sistema que no comprende. Observador inadaptado que se cuestiona si todo el mundo va al revés o es un servidor quién va en dirección contraria.
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