Los tuertos del ojo izquierdo

Jesús Civera
 

 

El culpable único de la caída del sistema financiero valenciano es el PP, según el PSPV (Francisco Toledo). La Comunitat Valenciana es la más afectada por la crisis porque aquí se roba más, según Compromís (Mónica Oltra). Nada de grises. Negro o blanco. Dictaminada la responsabilidad y señalados los autores de la infracción, resuelto el problema. En lugar del análisis mesurado o de la difusión de respuestas críticas, hagamos la digestión y aventemos eructos. Con denigrar al adversario político, misión cumplida. Es el eje central de la oposición fogosa que se practica, aliñada con vehemencias huecas. La dirección elegida concluye en una meta: en el descrédito de la clase política.
La credibilidad no sólo se pierde por los episodios de corrupción (en Italia ya son conscientes de que el 5% del presupuesto se entrega al saqueo, el mal menor) sino porque se distorsiona la explicación de los episodios sociales hasta hacerlos inverosímiles o falsearlos. ¿Hay más crisis porque se roba más? Mucho hay que robar con 15.000 millones de presupuesto sin que se note. ¿La caída del sistema financiero es responsabilidad única del PP? No hay que ser Stiglitz para saber que el argumento se instala en un reduccionismo infantil y autocrático.
Para confundir a la ciudadanía ya está el PP. No ha hecho otra cosa en ese terreno desde que entró en la Generalitat: políticas de propaganda y de confusión y despiste. Adobadas, y ése es su mayor mérito, con la creación de un relato ficticio en su propio beneficio. ¿Que lo haga la izquierda? La izquierda ha de estar en otra cosa. Entretenerse en tender trampas dialécticas o en fabricar soportes para el electoralismo barato constituye un error a largo plazo. Tampoco está la izquierda para cultivar la demagogia, sino para denunciarla. Insisto: ese territorio le debería estar vedado. Lo ha heredado la derecha actual y las reglas de juego las está cumpliendo a la perfección, y mejorándolas. Es suficiente.
Y, sin embargo, en los últimos tiempos asistimos a un trance de voluptuosidades perversas. La izquierda cultiva la demagogia en lugar del rigor y la equidad. Dispara material pirotécnico en vez de ofrecer alternativas sensatas. Reparte culpas a su adversario político por fenómenos sociales complejos, que también dependen de poderosos factores coyunturales. Rivaliza en bufonadas a fin de que un titular periodístico se instale entre los más leídos. Es una orgía perpetua que transforma el color de los equipos: la izquierda copia a la derecha sin ningún complejo. Y entrega una enseñanza peligrosa. Con tal de halagar los sentimientos de la feligresía, es posible conculcar principios básicos de identidad. No muda la piel, como es su obligación para adaptarse a las nuevas relaciones sociales; cambia su sistema nervioso, el que sirve precisamente para identificarla. Conclusión: no importa contribuir a la idiotez moral con tal de salvarse en las urnas o ampliar la clientela. La respuesta de Clara Tirado a Antonio Clemente («el PSPV está hecho añicos») es que el PP celebrará el próximo congreso en la cárcel de Picassent. Los tiros cruzados de ese calibre adormecen al personal en lugar de excitarlo. E inculcan una doctrina perversa, la que prefiere la derecha: todos son iguales.
El recién fallecido Christopher Hitchens, que no tenía pelos en la lengua, decía sobre la vieja izquierda «radical», en la que se incluía: «Nos ganamos nuestro derecho a hablar e intervenir por medio de la experiencia, el sacrificio y el trabajo. Nunca nos habría bastado levantarnos y decir que nuestro sexo, o nuestra sexualidad, pigmentación o discapacidad, eran cualificaciones por sí mismas. Hay muchas formas de fechar el momento en que la izquierda perdió o descartó su ventaja moral, pero esa fue la primera vez que vi que la traición requería un precio tan bajo».
La izquierda, y no solo me refiero a los «excesos» del PSPV o del actual Compromís, que parece emergido de otras entrañas, puede perder votos o ganarlos. Eso, al fin y al cabo, es tangencial. Al menos hasta cierto punto. El ideario, no. Tendrán razón, o no, pero a mi algunas invectivas de la izquierda me suenan a derecha pura y rancia. De rosario y de cruz. Dogmática e intolerante. Ni siquiera a los sagrados destellos de la derecha en su vertiente liberal. No sé. Habrá que repasar a Hitchens.

http://www.levante-emv.com/opinion/2011/12/23/tuertos-ojo-izquierdo/867247.html

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Acerca de hayack

Hayack, de cuyo nombre no quiero acordarme, es técnico superior en imagen, adiestrado para manejar todo trasto, manual, analógico o a pedales, con lente y botones. Adiestrado en tratamiento digital de la imagen, retoque, montaje de vídeo etc. Titulado precario buscando un hueco en este sistema que no comprende. Observador inadaptado que se cuestiona si todo el mundo va al revés o es un servidor quién va en dirección contraria.
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